¿Qué es la dermatilomanía?

Conoce mejor este trastorno relacionado con el estrés, la tensión emocional y la ansiedad

La dermatilomanía es un trastorno psicológico que consiste en pellizcar, arrancar o dañar la propia piel. Quien la sufre no suele ser consciente del daño que se está haciendo, ya que le produce calma. Para algunas personas, la dermatilomanía implica pellizcarse la piel hasta hacerse daño para eliminar granitos, lunares o ronchas; mientras que para otras personas lo habitual es hacerse heridas con unas pinzas o morderse los dedos de las manos, por poner algunos ejemplos.

Aunque no se sabe exactamente qué provoca la dermatilomanía, sí que se sabe que los momentos de estrés y ansiedad pueden empeorarla. Quien la sufre se siente incapaz de frenarse, lo que hace que se sienta aún más frustrado y nervioso, ¡o incluso no darse cuenta de que tiene dermatilomanía porque piensa que es algo normal! Por eso es importante que, si reconoces alguno de estos síntomas en ti o en un familiar o amigo, puedas hablarlo y consultar con un médico antes de que las consecuencias sean peores. Y es que el riesgo de sufrir infecciones en estas heridas, que queden cicatrices o pequeñas deformaciones en la piel aumenta con el paso del tiempo.

A menudo la dermatilomanía está relacionada con querer tener una piel perfecta, por lo que quien la padece no puede evitar ver un granito o una ronchita sin intentar quitarla. Es más, la primera persona diagnosticada con dermatilomanía en la historia fue una adolescente de finales del siglo XIX que estaba tan obsesionada con quitarse los granitos que no podía controlarse si se veía uno.

Algunos expertos comparan la dermatilomanía con el consumo de drogas, ya que en ambos casos hace que quien lo sufre sienta calma y tranquilidad después de hacerse daño; que cuando sienta estrés vuelva a hacerlo (provocándose aún más heridas) y que con el tiempo la situación empeore más y más. Además, muchas personas con dermatilomanía se sienten avergonzados por no poder controlarlo y evitan relacionarse con otras personas o dejar a la vista las zonas de la piel en la que hay heridas. Por eso es muy importante reconocer este trastorno y pedir ayuda, hablando con un adulto de confianza, con tu médico de cabecera o acudiendo a un psicólogo. ¡El camino es difícil, pero tú puedes con todo!

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