¿Qué es el feminismo?

Has escuchado esta palabra muchas veces, pero ¿sabes exactamente qué quiere decir?

Seguro que has escuchado hablar del movimiento feminista, ¡quizás incluso en clase de Historia! Y es que fue en el siglo XIX cuando surgió el feminismo como lo conocemos hoy en día: La lucha de la mujer por tener los mismos derechos que el hombre. Y es que, si lo tuviéramos que resumir en una frase, se puede decir que las feministas luchan por conseguir la igualdad real entre hombres y mujeres, sin que exista violencia ni dominación por parte de los hombres.

La primera ola del feminismo trabajaba, sobre todo, para que las mujeres pudieran tener los mismos derechos que el hombre dentro del matrimonio y para que pudieran tener y heredar propiedades. Poco después la lucha de centró en conseguir el voto, ya que a finales del siglo XIX las mujeres no tenían derecho a votar y prácticamente ninguna llegaba a la Universidad. Fue en la misma época cuando en Estados Unidos comenzó a hablarse de las desigualdades entre mujeres blancas y negras, que no estaban vistas por la sociedad de la misma manera.

Emmeline Pankhurst, una de las impulsoras del voto de la mujer en Europa.

Aunque durante las dos guerras mundiales el feminismo había continuado su lucha, ésta se había centrado en las oportunidades de trabajo y de estudios de las mujeres. Pero a partir de 1960 surge lo que se conoce como la segunda ola del feminismo, en la que la lucha se centró en conseguir aún más igualdad con el hombre. Acabar con la desigualdad social y exigir derechos laborales (como por ejemplo, la baja por maternidad o el poder cobrar lo mismo que un hombre por el mismo puesto de trabajo) fueron los objetivos de esta época que llegó hasta 1990.  También fue muy llamativa, sobre todo en España (que acababa de salir de una dictadura) la lucha por el divorcio, el aborto y el uso de anticonceptivos.

El feminismo actual sigue trabajando para que se cumplan de verdad todas las exigencias de las décadas anteriores, pero esta vez sabiendo que no existe un solo tipo de mujer. Hasta esa fecha, el feminismo solo se había centrado en las necesidades de las mujeres blancas de clase media-alta, ¡pero no todas son así! Las mujeres inmigrantes en España, por ejemplo, tienen aún más dificultades para acceder a los mismos puestos de trabajo que quienes nacieron aquí, y reciben aún más violencia porque son víctimas a la vez del machismo y del racismo. ¡Incluso muchas mujeres que han nacido en España pero que tienen un color de piel o una religión diferente lo sufren! También existen mujeres transgénero y lesbianas, por ejemplo, que no viven el machismo de la misma manera que las mujeres heterosexuales y cisgénero. ¡Y todas, seamos como seamos, tenemos que luchar para conseguir la igualdad!

“Te lavaron el cerebro al convencerte de que los rasgos europeos son el ideal de belleza”

El feminismo también se centra en lo que se suele llamar micromachismo, como las actitudes machistas que muchas personas tienen por algo normal (por ejemplo, los hombres que gritan frases de mal gusto a las chicas por la calle o las familias en las que quienes limpian y cocinan son sólo las mujeres) o la idea de que las mujeres debemos estar siempre perfectas, depiladas y maquilladas para que se nos valore. La igualdad en el trabajo y acabar con la violencia de género son otras de las principales reivindicaciones del feminismo actual.

Gracias a la lucha de todas las feministas de la Historia se ha conseguido que hoy en día puedas levantarte por la mañana, vestirte con pantalones e ir a clase a estudiar en vez de tener que quedarte en casa haciendo las tareas del hogar e intentando aprender cómo ser una buena esposa. Además, gracias a que puedes ir al instituto y tener los mismos derechos que tus compañeros, puedes elegir qué quieres ser de mayor, sin estar obligada a casarte y tener hijos; y puedes tomar medidas si algún compañero te acosa o te violenta, porque el feminismo nos ha enseñado que la víctima de una violación nunca es la culpable de sufrirla. Cuando cumplas 18 años puedes votar y conducir un coche, ¡e incluso salir a la calle sin una doncella que te vigilara como sí ocurría en el siglo XIX! Y podrás decidir qué quieres hacer con tu vida, sin que nadie pueda obligarte a nada. Otra cosa que puedes hacer gracias al feminismo es ver películas en las que hay mujeres protagonistas que tienen las mismas preocupaciones que tú, más allá de estar perfectamente arregladas esperando al hombre de sus sueños, y leer novelas escritas por mujeres sin que tengan que firmar con un nombre falso. ¡Y atreverte a salir del armario si te gustan las chicas! Además, gracias al feminismo reconocemos injusticias contra las que luchar, sabemos que valemos lo mismo que los hombres, y podemos exigir nuestro lugar en el mundo.

 

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